La vida, el mundo cambia, y en esos cambios tenemos que ir descubriendo, sintiendo, asumiendo y entendiendo de qué se trata la verdadera felicidad. Todo lo que pasa en nuestras vidas, absolutamente todo, sucede para ayudarnos en nuestro proceso de evolución en conciencia. El proceso de recordar lo que realmente somos, ese es, el motivo de nuestras noches oscuras, tanto dolor, tanto sufrimiento y experiencias que aparecen en nuestras vidas y que nos llevan a hacernos preguntas de enorme trascendencia, y así poder contemplar la vida en su verdadera dimensión. UN MILAGRO. Porque eso es la vida. Un milagro, el más grande y maravilloso de todos los milagros. Y la vida se merece que confiemos en ella. Y que no la fragmentemos, que no digamos esto sí, pero esto no. Esto me gusta, pero esto no me gusta. Con esto estoy de acuerdo, pero con aquello no. La vida es una, es todas las experiencias que llegan, las hermosas y las otras, no puede dividirse. La confianza en la vida, es confiar en ella en su totalidad. Y esa confianza de que ocurre lo perfecto, ni bueno, ni malo, para nuestra evolución, es la que hace que nazca en nuestro corazón, una aceptación profunda que se transforma en comprensión y que nos lleva a vivir lo que nos toque sin ninguna queja. Cuando nos liberamos de los juicios, de las etiquetas, de los mandatos, dé los condicionamientos, dé las opiniones, de los criterios e incluso de los paradigmas, ese es el momento cuando lo que realmente somos, florece. Y cuando esto sucede, la única manera de describirlo es, Felicidad. Pero una felicidad que no tiene nada que ver, con lo que antes de que esto sucediera, entendíamos por felicidad. Hemos confundido la felicidad con el bienestar. Para sobrevivir buscamos constantemente la alegría, en cosas, personas, situaciones, circunstancias o experiencias que nos reconfortan, pero, al buscar el bienestar afuera, también vamos a encontrar malestar, porque esa es la forma de buscar la felicidad que tiene el ego. Esta dinámica de buscar la felicidad afuera, lo que produce es que nos encontremos con bienestar y malestar sucesivamente, y nos causa sufrimiento. La realidad es que la felicidad, no tiene nada que ver con el bienestar, con la gratificación de los deseos del ego. La felicidad, es nuestro estado natural, y no hay que buscarla en ningún sitio, porque está adentro. Cada uno de nosotros se encuentra en su propio estado de conciencia, y en la vida de cada uno hay una manifestación exacta, la que corresponde, de experiencias que tienen que ver, con ese estado de conciencia., para impulsar con libre albedrío, nuestra evolución. Cuando puedas tener aceptación, serenidad y alinearte con la creación, con tu esencia, con la vida, podrás percibirlo, podrás sentirlo. Y esa felicidad sin causa estallara en tu interior, te llenaras de luz y veras que todo será paz Da testimonio de esta felicidad, vívela como algo sencillo que te acompaña en los días buenos y malos. Una alegría que es más fuerte que las lágrimas ,porque esta felicidad viene de Dios.

Fragmento copiado de mi Profesora :Charo Rivaya