Dicen que el rostro es el espejo del alma; en él se manifiestan los distintos estados anímicos, las distintas disposiciones internas.
Si no quieres que tu rostro refleje la cólera o el mal humor, no lo fomentes en tu interior; no ofrezcas tus familiares, a tus dependientes, a quienes tratan contigo, o se mueven a tu alrededor, la triste escena de un rostro amargado, aplastado, repelente.
Ofrece más bien un aspecto alegre, optimista, emprendedor; la sonrisa es siempre más atractiva que el ceño adusto o el gesto amargante.
Y no sólo más atractiva, sino también más constructiva; serás más, conseguirás más, serás más útil, si en tu interior fomentas el orden, la tranquilidad y una serena paz. Serás más acepto a los demás, porque en tu exterior, en tu rostro aparecerá tu interior.
Alfonso Milagros
Los cinco minutos de Dios.